Julián despertaba todos los días 5 minutos antes que el recordatorio del celular lo hiciera. Se sentaba sobre la cama, y miraba sus pies. Su mirada parecía siempre estar buscando algo. Caminaba hacia la ducha, y mientras el agua recorría su cuerpo, pensaba en su futuro durante el resto del día. Era algo normal, lo de siempre, solo parte de su rutina. Los pies dentro de las pantuflas, una toalla gris absorvía las gotas restantes sobre su piel. Se vestía, comenzando por los calzoncillos,luego la polera, un chaleco, los pantalones, los calcetines, luego las zapatillas. Una taza de café, un pan tostado y el cepillo de dientes de arriba a abajo cumplía su función. Tomaba las llaves desde el velador, su chaqueta desde el closet, la mochila desde la mesa, y el paraguas que durante meses cuidó el rincón de la biblioteca. Ya desde afuera, cerraba los pestillos de la puerta.
4 cuadras abajo, el paradero lo esperaba solitario. Una micro se acercaba mientras Julián doblaba en la última esquina por recorrer. La vé. Agarra con fuerza su mochila al hombro, corre y corre, el chofer por 3 segundos, decide apiadarse, y mientras avanza lentamente, abre la puerta trasera, donde pareciera haber un solo espacio entre toda la gente, no era necesario más, Julián ya estaba arriba rellenándolo.
Sofía despertaba casi todos los días, 20 minutos después que la alarma de su reloj sonaba. Sus brazos se estiraban intentando alcanzar una barra invisible. Corría las cortinas, y mientras se quedaba pasmada sobre la cama, miraba el cielo de mañana. Aquel era un día gris, que de alguna manera hacía resaltar más las ramas del árbol que frente a su ventana se extendía alto y desnudo gracias al otoño. Volvía a mirar la hora, su mente volvía a la realidad, recordandole que la ducha, la esperaba. Mientras el agua recorría su suave y largo cabello, Sofía mirando el techo, imaginaba las cortinas del baño, transparentes, alguien entrando por equivocación, ella disfrutando a ojos cerrados, hasta sentir una presencia, abrir los ojos, y encontrar un rostro de impresión. Cae de pronto en aquella humeda habitación, no hay nadie más que su reflejo mirandola a los ojos. Una toalla azul abraza su mojado cuerpo, su cabello largo cae pesado sobre sus hombros, primero los calzones, calcetines, pantalón, y desde ahí hacia arriba. Es tarde, se lo recuerda el día, que por minutos avanza hasta convertirlos en horas de vida. Toma un yogurth desde el refrigerador, a sofía le fascinan los de mora. Desde el sillón toma una bufanda, sus llaves y un pequeño bolso que luego cruza su pecho.
3 cuadras abajo, el paradero la esperaba casi lleno. Dos micros pasan frente a sus ojos, más decide terminar de escuchar aquella canción que tanto le gusta, allí bien firme, los pies sobre el suelo, mientras mira el movimiento de una nube posandose justo sobre su cabeza. Al fin una más desocupada, Sofía sube, y se vuelve un pasajero más en Santiago.
El día comienza a agotarse, son las 20:34 y Julián comienza a despedirse uno por uno de todos, como es costumbre. Luego de abandonar la sala, se percata de la lluvia, por un momento se siente afortunado. Mira hacia abajo el paraguas que lleva colgando, y decide abrirlo. Refujiado bajo aquella tela impermeable, camina por la ciudad, cabizbajo.
Sofía suele ser una de las últimas en salir de la sala, sin embargo hoy, la lluvia en la ventana ha dibujado en ella una tenue sonrísa, casi invisible, mientras que cada gota parece reflejarse en su iris. Esta vez no hay cortinas, y su cabello mojado, cae nuevamente cansado sobre sus hombros. Consciente de que muchas personas van a su lado, camina despreocupada y sonríe al cielo, pues sabe que nadie la observa, todos miran el suelo.
Ambos bajan de la micro, Julián agradece al chofer mientras Sofía baja por la puerta trasera, ignorando que su llegada a casa, sería mas que aquello. Comienzan a caminar, Julián delante, Sofía 5 pasos atrás. Julián mira el suelo, Sofía enfrenta la lluvia.
De pronto alguien ha chapoteado sobre una posa,las gotas saltarinas caen sobre la zapatilla de Julián, se percata, y sube lentamente la vista. Una muchacha de ojos alegres con cabello suelto y mojado, camina contenta bajo la lluvia. Muchas gotas recorren su cuerpo, su ser. Julián sigue un impulso, intenta hacer algo...
-Disculpa, llueve fuerte, y creo que alcanzamos los dos bajo este paraguas. Si gustas me acompañas...
De pronto, un par de ojos verdes y profundos, bajaron desde el cielo a invadir su pupila y sus palabras ya caídas.
-¿Por qué no mejor lo cierras, y me acompañas tú bajo la lluvia?
Sin detenerse, Sofía sonreía y comenzaba a alejarse de Julián.
Sus palabras fueron fulminadas con aquella sonrísa, con aquella mirada, y como un huracán, las palabras de Sofía daban vueltas en la cabeza de Julián abatiendo todo pensamiento antes localizado. Comenzaba a perderla de vista, Julián se detiene. Mira de pronto el cielo, y en un gesto veloz, su paraguas quedaba completamente cerrado. Las primeras gotas, comenzaban a depositarse sobre sus pestañas. 4 cuadras más, y su seco hogar esperaría para refugiarlo. Sin embargo ya el día no era gris, unas gotas difuminaban su vista, y la bufanda de Sofía, se confundía con el solitario fondo. Un arcoiris imaginario cruzaba la mente de Julián. Al llegar a casa, decidió que su paraguas cuidaría por mucho tiempo más la bilioteca. Un día ambos se encontraron, fuera de la vista de los demás, ambos empapados, y esta vez fue Julián quien sonreía bajo la lluvia invernal.



